miércoles, 12 de mayo de 2010

A LA MADRE DE TODAS LAS NACIONALIDADES


Esta es un composición que encontré en un antiguo libro de fechas cívicas, un libro que guardo como un tesoro porque lo que leo en él, es valioso por su contenido y riqueza de pensamientos para cada fecha que celebramos los seres humanos, como ésta, la del Día de la Madre.

Bello es dedicar un día al año a la vida más gigantesca de todas las edades, que resignadamente y con el altruismo que le acompaña, sabe sobrellevar las fatigas y los sacrificios cuando el destino de la vida muchas veces le es inclemente.
Su amor maternal muchas veces educa sin hablar y corrige sin argüir; sólo con la inefable y benéfica influencia de su amorosa devoción y de austero ejemplo. En un beso lleva todo su evangelio, en una caricia todo un libro de moral redentora.
Desde remotos tiempos de la existencia humana, filósofos, poetas, artistas, escritores; no trepidaron en enaltecer la perfección de la mujer y desde aquel entonces, han venido inmortalizando sus cualidades sublimes de amor y virtud que no encuentran límites en las profundidades de su inmenso corazón.

El amor de la madre es completamente infalible, no requiere sacrificios, siempre triunfa y se impone por obra incomparable de la creación. Se entrega a su hijo y le transfiere a su vida física; en la edad temprana, su vida moral cuando los golpes del destino torturan el alma del hijo ya adulto y por obra misteriosa, alienta desde la tumba las almas angustiadas que previenen a su generación, su amor es pues inmortal.

La maternidad es sin duda la más alta y trascendental misión de la mujer, constituyendo así la base y fundamento de la familia; el Creador le ha asignado esta sacrosanta misión y hacia la cual tienden los mejores dones de la naturaleza; ella conserva en la perennidad de los siglos la estirpe y la raza; forja nuestra personalidad moral con sus ejemplos de abnegación y rectitud; nos inspira desde pequeños, nobles ideales, elevados propósitos y nos señala invariablemente el camino tal vez espinoso y augusto, pero recto y claro de la dignidad y del bien.

Ni la llegada de un nuevo siglo ni la modernidad, han podido doblegar las virtudes de las madres, pues aún las más jóvenes, mantienen inalterable, su misión maternal.

Hijos, esposos; que las madres no sean reconocidas, sólo un día al año, ámenlas todos los días del año, para que la fuerza del amor las acompañe en su incondicional labor.

¡Feliz Día Mamá del mundo globalizado!

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